Running: El “salir a correr” de toda la vida que nos tiene como locos

runningEl fenómeno del “running” (anteriormente conocido como “footing”) lleva varios años de moda. Pero hasta hace pocos meses pasaba totalmente inadvertido para mí. Concretamente desde la “San Silvestre 2015” de la bella ciudad de Santander.

¿Qué engancha del running? Para empezar veo el aspecto puramente fisiológicos, es decir, liberación de endorfinas, sensación de bienestar mientras se practica y de paso perder algún que otro kilo de más de esos que se nos adosan al peor lugar y justo antes del verano.

Correr es barato, prácticamente con un pantalón, camiseta y zapatillas puedes poner miles de kilómetros a tus espaldas con apenas lo que pagarías un mes de gimnasio. Así que por lo tanto puede considerarse como un elemento social y deportivo que en cierto modo equipara a la gente que lo practica (corriendo todos somos iguales).

Correr te ayuda a superarte, encontrar tus límites. En el momento de ponerte las zapatillas y estirar (lamentablemente en mi caso menos de lo que debería por las prisas de la “vida moderna”) ya tienes en mente los kilómetros que te esperan por delante. Las ganas de arañar unos cientos de metros más en cada sesión y la progresión de sentirse en forma también forman parte de ese extraño encanto, ese “je ne sais pas” que aglutina a millones de personas en todo el mundo. La sensación de “entrar en zona” y ser capaz de correr 10 o 100 kilómetros si fuese menester.

Tengo la fortuna de poder correr en una zona rural, verde, de aire puro. En mi ruta se cruzan media docena de vehículos durante unos 45 minutos y su ruido apenas empaña el sonido de riachuelos y el trino de las aves, en todo momento por caminos bien pavimentados en carril peatonal y bien iluminado. Incluso me puedo dar el gustazo de bajar a una zona de playa con al menos tres kilómetros de extensión. Esto sin duda es un gran aliciente para la vista y el espíritu. Hay que reconocer la gran fuerza de voluntad de los corredores o Runners urbanos, de grandes ciudades. Es verdaderamente encomiable su capacidad para dilatar sus vías respiratorias adquiriendo cantidades ingentes de los gases resultantes de los motores de combustión de coches, motocicletas, autobuses, camiones, torres de refrigeración y demás elementos que “ponen la boina” a las grandes ciudades. Y lo ubico entre un verdadero amor al Running bordeando con la máxima de “tener más moral que el alcoyano”.

En particular también me llama la atención la gran cantidad de gadgets tecnológicos que rodean el running. Pulsómetros, gps, podómetros y un largo etcétera nos convierten en “cuasi-ciborgs” del deporte, perfectamente preparados para parametrizar hasta el último de nuestros gestos, zancadas y pulsaciones. Pero este es un asunto para otro artículo. Ahora creo que ya es hora de dormir, mañana hay que salir a correr, perdón, a hacer running.

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