Mi sombra se extiende sobre Madrid
El pasado fin de semana de puente recalé en Madrid por un par de días. Buen test cargado de kilómetros para mi medio de locomoción. Buen tiempo, buena comida y muchas risas ¿qué más se puede pedir?

Mi alargada sobra se extendió aquellos días por las calles de la capital, que por entonces se recuperaba de la resaca de la “fiesta nacional”.

Las edificaciones faraónicas, algunas de ellas en construcción, te dan la bienvenida a un Madrid en estado febril por culpa del ladrillo, el acero y el cristal (¿no tendrán ya suficiente calor cementero, que quieren más?…)

¿Quién será el personaje que engulle con tal afán ese barquillo chocolateado?¿Quién tira por la borda de ese modo sesiones y sesiones elípticas? Sí, adivinasteis. ¡Estaba riquísimo!.

En mis viajes suelo encontrarme con mis archienemigos: los bolardos urbanos. Y como no podía ser de otro modo en la capital, el bolardo que allí encontré era una especie de “Terminator” del tráfico: retráctil, metalizado, brillante y con cuatro luces rojas que asemejaban a los estremecedores ojos de la creación de James Cameron. Verdaderamente pavoroso…

La zona de la Plaza Mayor y alrededores continúa trufada de las estatuas humanas que ya publiqué en artículos anteriores. El escritor plateado que muestro tenía el Euribor desfasado, ya que, por lo que pude ver, con la nada desdeñable cantidad de 1 Euro, únicamente ofrecía un par de aspavientos incomprensibles y con muy poca gracia.

Un clásico, la mujer de arena. La próxima vez que coincida con ella le llevaré una botella de agua o isotónico, porque con el calor que hacía allí, tendría que estar próxima a la temperatura de ebullición.

Madrid no deja de sorprenderme. Ahora voy y me entero de que el profesor Charles Xavier tiene una sede para que acudan sus alumnos de la Patrulla X. ¿Estaría acaso Lobezno aullando por los pasillos del recinto?¿Qué clase de “Cíclopes” se podría encontrar uno allí?…

Vista nocturna de la populosa plaza. Bonita iluminación, mucha gente, lotería de Navidad, y bla, bla, bla, bla…

Nuestro tren de cercanías se atrevió a una carrera contra todo un peso pesado del ferrocarril: el AVE. Por si no os lo imaginabais, sí, perdimos nosotros.

Típica foto que uno se hace a la entrada del Parque Warner, más aún cuando todo está perfecta y anglosajonamente engalanado al estilo Halloween (coloquialmente se pronuncia “jáloguin”, no confundirse con ningún tipo de prenda de trajes típicos regionales).

A la entrada de un espectáculo pude comprobar el estado actual del nuevo “baby-boom”, en un aparcamiento para sillitas talla XXXL.

Un espectáculo curioso basado en la famosa comedia ‘Loca academia de policía’. Los especialistas hacían verdaderas virguerías con los coches. Tanto que incluso a mí me ponían -en ocasiones- los pelos como escarpias. Una cosa tengo que decir. Por más que busqué no encontré a O. J. Simpson por ningún lado del escenario. ¿Dónde estará?…

En el paseo de la fama Warner (algo así como la versión cañí del mítico paseo de la fama de Hollywood) pude inmortalizar un par de fotos. La de Antonio Banderas…

… y la de George Clooney. ¿Nespresso? What else!

Nuevamente demostré mi destreza con el tiro al blanco. Se nota cuando no hay premio de por medio, ya que las “armas” estaban perfectamente calibradas. Eso sí, era muy cómico ver puertas abriéndose, o cubos girando cuando le acertabas a unas dianas repartidas por todo el escenario.

Y por último, una curiosidad. Una máquina expendedora de preservativos que, pobrecilla ella, tenía dos fallos. El primero consistía en que no admitía monedas de 50 céntimos.
Publicado en Viajes y Buena Vida
24 Octubre, 2007 a las 15:06
Viaje realmente guapo, habrá que ir pensando en el del año que viene…
24 Octubre, 2007 a las 22:00
Para el próximo me apunto!!!!!!!!
25 Agosto, 2008 a las 15:15
Buen reportaje fotográfico… me alegro de que te lo pasaras bien por Madrid.