Astur Weekend: Gijón y Ribadesella
Poniendo rumbo hacia el oeste, el fin de semana fue momento propicio para recorrer parte de los dominios de Don Pelayo. Experiencias singulares en tierras aún por civilizar.

Y es que mi querida “tribu” de asturianos, el fin de semana me pasé por vuestras tierras para recorrer las calles de Gijón y, de rebote, ver nuevamente las, otrora, oscuras e infectas calles de Ribadesella.
¿En la imagen superior? Haciendo un poco el “gamba” en la plaza del Ayuntamiento de Gijón.

La playa de Gijón es el mejor lugar al que acudir en un día caluroso como el que se dio el pasado sábado. Bonita playa con un paseo acogedor y bastante cuidado.

En Gijón hay muchos sitios donde comer mucho y bien. El precio es algo subido en todas partes, pero bueno, hoy en día… Recomiendo la Taberna El Antiguo, situada en las proximidades del Ayuntamiento de Gijón. Buena cantidad, buena calidad. Y sobre todo tiene algo importante, no apesta a sidra rezumante procedente de centenares de escanciadas, tal y como sucede en más de la mitad de los restaurantes visitados.

Edificación con fines religiosos de la ciudad de Gijón.

No lo entiendo muy bien pero “Bricomanía” se convierte, día a día, en mi acompañante de las mañanas de mis domingos viajeros. No hay como ver al carpintero y al jardinero dándole a la garlopa y al rastrillo, para así espabilarse bien de cara a una nueva jornada turística.

¿Desayuno? Sí, y si es XXX-L mejor aún. Que el día es muy duro. Eso sí. Aún no encuentro ese nivel de frescura en la bollería matinal como la que disfruté en cierta zona de la T4 hace ya muchos meses… ¡eso sí que eran donuts frescos!
En fin. Gijón. Ciudad pequeña, con atractivos más “fiesteros” que otra cosa y punto de cierto interés para el turismo gastronómico.

Al entrar en Ribadesella me sorprendió la extrema limpieza de sus calles. Mi primer, y hasta la fecha único recuerdo, era de suma putrefacción en calles plagadas de ebrios seguidores del Dios Baco.

Aunque alguno no se enteró de que las fiestas terminaron, y casi mes y medio después sigue de “colocón”.

Un buen helado para luego darle un besito a tu novia: Helado de queso de Cabrales, ¡que no falte en tu frigorífico!: “Helau de quesu Cabrales” ¡Yeeeepa, yeeeepaaaaaaaaa!

El regreso fue viento en popa (literalmente hablando). Eso sí ¡odio a los mosquitos! a ver si evolucionan genéticamente para evitar el vuelo raso por las carreteras. Porque en el parabrisas y la defensa tenía toda una colección, envidia de cualquier entomólogo que se precie.
Publicado en Viajes y Buena Vida
16 Septiembre, 2007 a las 22:15
Ese rodaje va de cine
17 Septiembre, 2007 a las 20:27
BUEN VIAJE. SI SEÑOR
UN SITIO MUY BONITO GIJON.
18 Septiembre, 2007 a las 1:27
QUE TERMINAS QUEMANDO EL AURIS EN UN AÑO!!!!!!!
18 Septiembre, 2007 a las 14:57
Una ciudad muy bonita. Pequeña pero linda. Tengo ganas de regresar algún día. Tal vez en primavera.