Road Weekend: Santo Domingo de la Calzada y San Millán de la Cogolla
El fin de semana fue la fecha elegida para realizar la prueba definitiva a mi nuevo medio de locomoción. Un viajecito de dos días por tierras riojanas. Más concretamente a Santo Domingo de la Calzada y San Millán de la Cogolla.

La llegada al alojamiento fue sencilla. Gracias a la tremenda ayuda del GPS (y de algún lugareño) estábamos en la misma puerta tras pocas vueltas por la aldea.

No obstante me topé con uno de mis miedos más ancestrales: el bolardo. Y es más, me encontré con una especie mucho más peligrosa y evolucionada: el bolardo retráctil. Un ingenio infernal que se oculta bajo la tierra a la espera de cazarte cuando pasas por encima. Aún recuerdo el escalofrío que me recorrió la nuca al enfrentarme con uno de ellos. Pero al final, ¡prueba superada!

Al entrar comprobamos que no escatimaban en gastos en el “garito” donde nos alojábamos.

Santo Domingo de la Calzada tiene un casco antiguo que se ve en una hora (y tardando mucho). La zona para comer se denomina “el espolón” y se encuentra próxima a dicho casco antiguo. Quiero advertir desde aquí de la existencia de un restaurante donde no es aconsejable ir si no quieres terminar con tus fondos diezmados y tu estómago más vacío que lleno. Se trata de “El Espolón”. Las micro-gambas a precio de chuletones o lonchas de jamón cortadas con láser a media micra de grosor son algunas de sus “delicatessen”.

Y si todo esto fuera poco, además son los responsables de la castración de todo un mito del cine de terror. Es que ya no se respeta a nadie…

Santo Domingo de la Calzada está que lo tira en cuanto a animación nocturna. La discoteca “El Vendaval” es lo “más” en la escena “house” de la península, como se puede ver en la foto de su entrada apuntalada y desconchada.

Otra de las peculiaridades de la aldea que nos ocupa es la escasez de jabón en los servicios públicos. En un restaurante llegué a solicitar, a suplicar, un poco de lavavajillas para poder quitarme la grasilla fritanguera de mis deditos cántabros.

La noche, al menos en el casco antiguo, parece más una película de terror que algo animado. Las calles, lejos de tener el encanto propio de villas con solera, parecen más bien oscuros callejones de grandes ciudades. Vagamente iluminadas y absolutamente nada vigiladas (a no ser que los municipales se disfrazaran de farolas). Cuando caminaba por ellas me dieron ganas de tener un silbato de emergencia al estilo de WhiteChapel en la época de Jack el destripador…

En la cena pude ver el tótem de los postres de chocolate. Quien me conozca sabe de mi gran amor por dicho manjar dulce. Pues bien, en el restaurante del hotel pude ver una verdadera combinación orgásmica de dicho género: ‘Chocolate templado con su Crujiente, sobre salsa de Toffe y helado de Bombón’ (enfatizo las mayúsculas, porque, como se puede ver en la fotografía siguiente, era un postre con nombre propio).

Mi crueldad no es muy grande, así que me limitaré a exponer una fotografía del resultado final del deleite con dicho postre hiper-chocolateado.

En el salón de la estancia donde nos alojamos, en plan relax cien por cien viendo el emocionate capítulo semana de “Bricomanía”. Hay que ver que herramientas saca en cada edición. Dentro de poco nos hará ir a “Leroy Merlín” para adquirir un acelerador de partículas sub-atómicas marca BOSCH para “nuestro taller hogareño”.

El domingo cogimos la ruta de San Millán de la Cogolla (Santo GPS, que velas por nosotros, no pierdas la conexión y líbranos del atasco, amén).

El edificio del monasterio de San Millán de la Cogolla (a la sazón, cuna del castellano escrito) es impresionante. Bastante grande, bien montado y mejor explotado económicamente (unos precios bastante altos en toda la zona).

La cúpula de la capilla. Ninguna foto hace justicia a la realidad. Impresionante.

En el arca que vemos se guardaron durante años los huesecillos de San Millán de la Cogolla. Todo fue bien hasta que llegaron las tropas de “Pepe Botella” y arramplaron con todas las piedras preciosas y demás elementos de lujo que envolvían el receptáculo en cuestión. Los restos mortales del Santo, gracias a Dios, se conservan en otra dependencia del monasterio.

Una imagen curiosa. En la sacristía de la catedral hay dos enormes mesas de metal y mármol. En ambas se puede encontrar un estupendo cartel con la advertencia de “no tocar”, pero supongo que en una versión 2.0 del mismo la organización se vio obligada a la añadidura de “la mesa “. ¿Es posible que exista alguien que necesite tal explicación extra? Cada día me asusta más la especie a la que pertenezco…

Las instalaciones albergan numerosos incunables de gran belleza y un valor económico verdaderamente astronómico.

En las proximidades del monasterio (justo frente a la entrada principal) y con un cómodo aparcamiento, se puede encontrar un estupendo restaurante donde es muy recomendable comer: El “Asador de San Millán”. Precios razonables para la zona y una calidad excelente. Cordero lechal (de ese que se corta con el lado sin filo del cuchillo) a precio de risa. Una atención estupenda, salón de restaurante muy espacioso y vistoso…. en fin, una maravilla.

Muchas rectas y grandes extensiones de viñedos fueron acompañantes de viaje en numerosos kilómetros. El viaje de vuelta fue sin novedad gracias, en parte, a los tres cafés americanos que “degusté” durante la tarde.

También atravesamos una carretera que estaría bien para acompañar a la definición de: “Donde Cristo perdió el mechero”. Más inhóspito y de firme más destartalado e impracticable, imposible.

Por cierto: me gusta conducir pero no cambiar de marchas
Publicado en Curiosidades, Viajes y Buena Vida
27 Agosto, 2007 a las 11:21
Hola!!!
Un reportaje realmente extenso y descriptivo del fin de semana por tierras riojanas…
27 Agosto, 2007 a las 11:45
Buen viaje, sí señor. ¿El coche, bien, no?
27 Agosto, 2007 a las 12:11
VIAJES Y BUENA VIDA. ESO SI QUE ES UNA CATEGORÍA EN CONDICINES
TÚ SÍ QUE SABES, DAVID.
27 Agosto, 2007 a las 13:34
¿El coche? alucinante. Entre el automático y el “cruiser” me pasé como 1 hora sin tocar los pedales ¡maravilla, maravilla!
27 Agosto, 2007 a las 13:54
Si es que sabes vivir como un REY
28 Agosto, 2007 a las 15:06
jajajajajajajajaja, menuda “disco”. Esa “aldea” es la caña, no?
28 Agosto, 2007 a las 23:21
Ya te digo. No veas lo lamentable del estado de la fachada. Por dentro no creo que quedara ni el tejado. En fin, la marcha no pega en el casco viejo de esa aldea
17 Octubre, 2007 a las 17:10
Vaya, que pena que no te gustase mucho mi pueblo, la verdad es que para comer no elegiste el mejor sitio.
Y La Vendaval te aseguro que por dentro está bastante mejor de lo que parece por fuera.
Un saludo y espero que vuelvas y te vayas con mejor sabor de boca.
Pd: Marta, Santo Domingo no es ninguna aldea, tiene más de 6.000 habitantes.
17 Octubre, 2007 a las 18:59
Mis disculpas. No era con ánimo de ofender
17 Octubre, 2007 a las 19:26
Hola Rumba,
Tú pueblo no me dejó mal sabor de boca por completo. Lo único que, como dices, no elegimos el mejor sitio para comer. Eso sí, ¿no hay manera de que dejen de sonar las campanas cada 15 minutos por la noche?, porque no veas…
¿El Vendaval está abierto y funcionando? pues parecía bastante abandonado, que curioso.
Muchas gracias por tu aportación